BIENVENIDOS

ME LLAMO PEDRO CONRADO CUDRIZ y Mis complacencias por la gratuidad del gesto que te permite acceder a mi blog. Bienvenido a mi mundo espiritual y a esta suerte de salvamento existencial, que es una extensión de mi alma vertida en libros, Cd, y opiniones periodísticas semanales.

miércoles, 13 de abril de 2011

ENTREVISTA A UN JUNIORISTA



Samuel omite el apellido y lo único que dice es que es del norte de la ciudad de Barranquilla, un bacán de cinco pisos que ama la ciudad. No es culpable de nada, sin embargo, a veces piensa que carga la culpa de ser juniorista.


-¿Por qué?, le pregunto.


-Porque junior es una religión, con un templo y unos rituales, una feligresía y ciertos pecados.


-¿De dónde sacas esas cosas?


-Todo en la vida tiene una explicación, me responde mirando sus zapatos. Además, todo lo que hacemos, lo hacemos para darle sentido a la vida, a la cortedad existencial de uno. La ciudad es un mundo y nosotros representamos los miles de eventos que animamos la vida; el junior forma parte de esas búsquedas de sentido existencial.


Samuel se prepara cada domingo para disfrutar el partido de su glorioso junior. Sabe muy bien que algunas veces las cosas fluyen y la ciudad y los ciudadanos son felices. El piensa que son todas las veces que el junior ha sido campeón; cree que hay una armonía visible en la ciudad, porque las crisis económicas se adelgazan y todos terminan ganando, reemplazándo la terrible derrota por la esperanza.


Por el contrario, cuando el junior no alcanza una estrella, hay en la ciudad un sentimiento de pérdida, un conflicto serio con el éxito. Las gentes tienen miedo de ganar y muchas veces ese dilema terrible lo encarna el junior.


-Porque el junior, me dice, es el alma de la ciudad, el pararrayos.


Samuel no se detiene, es esa clase de juniorista que piensa, reflexiona, no traga entero y van al baño pero con un libro bajo el brazo. “El junior a veces forma parte de esa mancha escatológica del mundo, de las alienaciones mayores. Afortunadamente siempre existirá un dios y el junior.”


-¿Qué cómo me siento cuando pierde el junior? La derrota es tan necesaria como el triunfo, pero cuando pierde el junior no puedo dejar de sentirme perdido y confuso. Hay una parte de mí que se desalienta y me siento abandonado por los dioses del juego. Es cuando más me convenzo que el junior es una mierda. La ciudad tiene mal aliento y todo es más difícil, respirar, lanzar un piropo, ir al baño, comprar un auto, contemplar el cielo, hacer un negocio o jugar a las escondidas. Afortunadamente la crisis es pasajera y el junior tendrá que jugar otra vez, así como nos toca a nosotros ir al desierto y regresar otra vez a casa para calmar la sed.


-Samuel, le digo, todavía no he logrado comprender lo del pecado.


-No hay, me dice, religión sin pecado. Creo que son los fanáticos descarriados, desmadrados del junior. Las sociedades humanas no son perfectas, sobre todo las nuestras porque siempre aparece un desquiciado – como en el Brasil – fracturando la normalidad, esa realidad recargada a veces de belleza extrema. Ellos representan el dolor, la angustia, la injusticia social, la inequidad, la desesperanza de la ciudad. Es la anti-poética, pero también la anti-utopía de la ciudad. Ellos no lloran, porque se están vengando del mundo; ellos no rezan, porque su dios es la muerte; ellos no ríen, a penas gesticulan el dolor de burlarse de sí mismos.


Samuel tiene un cigarrillo en las manos y un trago de whisky en la mesa, esperando una boca que lo bese. El hielo no se ha agotado en el vaso, mientras el calor del trópico lo sentencia a muerte. El es apenas un sueño, un tiro al blanco y sabe muy bien que nada es eterno, ni el pecado ni la culpa, si acaso el junior.


-No sé sí lo has notado – y creo que me lo está recordando -, pero creo que el estado de ánimo de la ciudad, es el mismo estado de ánimo del junior; lo mismo ocurre con la selección Colombia y la nación. ¿De qué país crees que son los jugadores del junior? De un mundo comprimido, ausente, escaso, vacío, peligroso, riesgoso, disfuncional, desarticulado, fracturado, asimétrico, violento, desesperanzado, pasivo, resignado, indisciplinado, cuadrúpedo, antipoético, pobre y anti-heroico. La historia les pesa a los jugadores, por eso no pueden con su alma y no con el balón, porque la mayoría no han logrado comprenderse ni explicarse como individuos ni como nación. A veces se zafan de la historia, pero es más un accidente deportivo que un asunto político.


Se nos hizo tarde, Samuel barbulló algo ininteligible y se marchó a toda velocidad en su auto nuevo. Yo, caminé entre el gentío de la ciudad y me perdí en la noche.


lunes, 4 de abril de 2011

La vulnerabilidad humana en medio del desastre de la naturaleza



En estos días de apocalipsis mundial, la fragilidad y la vulnerabilidad humana han quedado nuevamente en evidencia. Somos en mano de la naturaleza, juguetes de un destino funesto y macabro. Ni siquiera el progreso alcanzado hasta el día de hoy por las sociedades más adelantadas, ha servido para detener el desastre. Nada sirve ante un estornudo de la tierra.


La evidencia de nuestra vulnerabilidad, se registró en el oleaje espectacular y mortal del Tsunami japonés, en la impotencia humana para detener el “monstruo”. De nada sirvieron las dos guerras mundiales, las armas y los aviones de guerra, la experiencia del hombre para vivir en medio de la zozobra de los sismos, las teorías políticas para hacer más justas las sociedades. Todo esto se volvió añicos ante la colosal “rebeldía” de la tierra.


El salto de la vulnerabilidad a la impotencia, puede tener registro en la propia naturaleza humana, pero también en lo ignoto. El hombre conoce a medias las reacciones de la tierra, lo que lo coloca en la vía del peligro, porque no sabe qué hacer frente a eventos simultáneos como el de un terremoto y un Tsunami. De lo supuestamente conocido, se pasa inmediatamente a lo desconocido. Y en este “juego” macabro de la naturaleza, la desnudez de la fragilidad es una fotografía para toda la vida.


Debemos aprender entonces a jugar también en el marco de lo desconocido para intentar prevenir y proteger nuestra propia vulnerabilidad. Los que no han logrado comprender la indefensión y la debilidad humana, en gesto todavía medieval, toman versiones bíblicas para intentar explicar lo “incomprensible”, y entonces hablan de profecías, apocalipsis y castigos divinos. Viven bajo el ciclo del miedo, fustigadas por las concepciones del pecado cristiano. Miedo a morir sin poder alcanzar la tan anhelada gloria terrenal.


Los científicos hablan de calentamiento global, cambio climático y “han vinculado los terremotos y el calentamiento con la presión del agua sobre la corteza terrestre.” Pero también han elaborado teorías sobre los riesgos, como Peter Bernstein en el libro “En contra de los dioses”, donde el autor traza una línea para diferenciar las sociedades modernas (estudiosas de los riesgos) de las sociedades pre-modernas (fatalistas y mágicas.)


Otro autor, estudioso de los riesgos extremos, Nicholas Taleb, escribió el libro “El cisne negro” para ponderar la racionalidad del cuidado humano a partir de la esperanza con sentido y la administración de los riegos. Las sociedades fatalistas y mágicas tienen menos probabilidades de salir del hueco de los desastres de la naturaleza, que las que tienen fe en la recuperación de los ciclos “rebeldes” de la tierra. La previsión es un rasgo fundamental de las culturas modernas, porque se conocen los riesgos de la vida en medio de las crisis tanto humanas (las guerras) como las de la naturaleza (terremotos, maremotos). El conocimiento y planeación de los riegos es consustancial al conocimiento y la aceptación de la vulnerabilidad del hombre.


Somos más frágiles en la medida en que somos más fatalistas y mágicos, y menos vulnerables, en la medida en que compremos la importancia de planear la vida en medio de los riesgos. Esta capacidad de vivir en el mar del riesgo, implica vivir en medio de las sumas y las restas, el caos y las incertidumbres, las lógicas y las inferencias, el tiempo del reloj y la sabiduría de la fragilidad. Este reconocimiento es necesario para poder potenciar el espíritu creativo y emprendedor del hombre moderno.


Bibliografía: 1. Adriana La Rotta. El Tiempo. Lo conocido y lo desconocido. Marzo 19/ 2011. 2. Gillian Tett. El Espectador. Contra los cisnes negros. Marzo 27/2011. 3. Revista Semana. Apocalipsis ya. Marzo 19/2011

martes, 29 de marzo de 2011

DEL CINE AL SUPERMERCADO O LA TRAGEDIA DEL REEMPLAZO

Santo Tomás de Villanueva. Allí, en ese lugar del capital, ahora abarrotado de clientes y artículos de primera necesidad, funcionó el teatro, o la sala de cine de la localidad; allí hubo almas interesadas en el arte, gentes – niños, adolescentes y adultos – que lloraban o reían con las historias proyectadas bajo un cielo estrellado. En este hueco del comercio de la ciudad hoy funciona un supermercado, o una “tienda” gigante, asesina de sueños. Un hueco que no nos dice nada, que no nos enseña nada, apenas nos muestra el camino para ingresar y salir con las bolsas de compras y sin el calor de los besos del arte. En este espacio del comercio contemporáneo, la vieja tienda de Moisés García, es un bello y hermoso recuerdo de vecinos, un árbol del que se extraían frutos de solidaridad todos los días para todos. La única montaña que crece y se agiganta hoy, es la montaña del dinero, viejos y nuevos billetes de todas las nominaciones, montículo para asesinar la poesía y resucitar la bronca de la ambición y la podrida manzana del poder. En el esqueleto de las estructuras de metal del supermercado, se amontonan los quesos, el papel higiénico, el desodorante, o el listerine, como animales en celo y en espera de la presa. En este lugar aséptico, las gentes viven otra historia, no la del cine, sino su propia historia de miserias y escasez de recursos. Ni un solo libro para calmar el hambre del espíritu. El arte se ha ido del edificio, que refaccionado para lucir su prenda nueva, ahora sólo permite carricoches, moto-taxis y bicicletas. Algo va lánguida, tristemente de la sala de cine al supermercado; las conversaciones no llevan el sello de los sueños, la imaginación y el arte, sólo los valores del dinero, el carraspeo de los negocios y el eclipse de la noche y el día. El supermercado llegó con sus sueños de modernidad a reemplazar los sueños y la imaginación del cine; llegó con su rostro gordo a cortar el aire, a fracturarle la nariz al placer de percibir la realidad de otra manera. Ya no hay actores ni actrices que nos mientan como miente el cine, sólo esa pesada carga de realidades groseras, percibidas por el atrofiado aparato de los sentidos. Este hueco, con sus entrañas frígidas y asépticas, es la nueva iglesia de los ciudadanos de este mundo, el templo para saciar la artificialidad del ímpetu de compra del ser humano, no importa si alguien se siente perdido, confuso o ausente de sí mismo, porque lo importante es la adquisición de cosas útiles, de esas cosas inútiles que inspiran la sensación de llenura simulada del ser. Pero para nosotros, los amantes del cine, la sensación es otra, de orfandad, de olvido, de perdida. Algo ocurrió en esta ciudad, que sus gobernantes y gentes pudientes, cambiaron el arte por la religión de la compra y la venta de cosas; algo nos pasó que se permitió el crimen de la imaginación y el arte, y entonces, como no hay cadáveres que vuelen, los cerditos de los remordimientos y las culpas, tampoco aparecen. Claro, a nadie le importa el crimen, porque la ciudad es otra, con otros rostros y otros huecos, con las ganas de vivir y morir del animal del cemento, y en ese afán por no saber nada de nadie, ni de la ciudad ni de sí mismo el hombre se olvido de la vitalidad de su suerte…

viernes, 18 de marzo de 2011

ANIMALIDAD



Dentro de mí, palpita el animal. Soy animal, como el perro o el burro u otro ser vivo diferente de aquel que proviene del ser bípedo. Puedo movilizarme en la superficie terrestre, incluso sentir el dolor y la alegría provocada por terceros. ¿En ese encuentro no accidental de seres vivos, quién no ha logrado construir y conservar relaciones afectuosas con un perro, por ejemplo? ¿Quién no ha logrado visionar el mundo de otra manera, después de la convivencia con un animal? ¿Mi lenguaje humano o mi conciencia por qué tienen que hacerme superior a una lechuza? ¿Qué significa ser un animal? ¿Qué es ser un tipo humano cualquiera?

La noción de humanidad está atravesada por la realidad animal, hasta alcanzar la cima de lo superior humano. Por eso la definición de animalidad se cocina en el hombre mismo, y no porque el hombre sea la vara para medir el resto de los seres vivos, sino simplemente porque el hombre en algún tiempo de su existencia fue también animal, que hoy palpita en la biología o la fisiología humana, en el instinto de vida y muerte.


La animalidad puede ser la ausencia de lenguaje y simbología y de rastros perdidos de la convivencia humana; sin embargo, el animal tiene otro tipo de “conciencia” y otras maneras de comunicarse con el mundo. En el plano de la realidad inmediata, por ejemplo, un perro nos percibe igual que el hombre percibe el perro. Pero en el universo de los afectos, en el enmarañable ramillete de abrazos, caricias y besos, el perro me percibe como su pana, igual que yo lo percibo como mí amigo. Lo que ocurre es que aquí, en este marco de aceptaciones mutuas, la concepción de lo animal se torna más complejo y la noción de enemigo o ser diferente, se diluye en la doméstica trama de la vida diaria. El hombre sabe entonces que es un ser humano, pero tiene dificultades serias para alcanzar la felicidad, en tanto que el animal se siente animal y esta “conciencia”, lo hace mejor que nosotros, lo que lo hace feliz con muy pocas cosas.

El problema podría ser entonces la cacareada concepción ética del animal humano, que creyéndose el rey del universo, se atreve a despreciar todo, incluso a él mismo. Los nazis lo hicieron en la segunda guerra mundial. Y aquí mismo en Colombia, la historia es como una montaña de exclusiones. Pero para tocar más la cotidianidad del problema planteado, pregunto: En una corrida de toros ¿quién es el animal? O que quiso decir, Carmen Rincón, jefe de financias del bloque Tairona de las AUC, en la Sierra Nevada de Santa Marta, mano derecha de Hernán Giraldo, cuando dijo: “El patrón era como el rey, y entregarle una niña era igual que llevarle una gallina.” (Lea El Tiempo del 6 de marzo del 2011: El jefe “para” que abusó al menos de 50 niñas.)
En el caso de la corrida de toros quiero remitirme a la confesión paradigmática de la escritora colombiana, Carolina Sanín, quien arrepentida de su asistencia y defensa de” las fiestas” de los toros, un domingo cualquiera de enero del presente año, muele ante sus lectores su propia percepción del pasado y fundada en un sentimiento exclusivamente humanista como la compasión, escribe: “Al rato aparecieron los perros en mi vida… Baste con decir que creo haberme dado cuenta de que la compasión por los animales es el único signo de evolución que mi generación ha visto. Y por una obstinada confianza en el espíritu humano, me despido de los toros…” (Leer El Espectador del 6 de marzo del 2011: Adiós a los toros.)


La confesión de Carmen Rincón, la guarda de las financias de Hernán Giraldo (“El patrón era como el rey, y entregarle una niña era igual que llevarle una gallina.”) me regresa a la deshumanización del hombre común colombiano, a su estructura mentalmente de animal al acecho, a su biología y patología humana y no a la cordura de los límites de la razón y la compasión del ser. Las razones que dio el jefe “para” citado, incluso las excusas del futbolista agresor del animal en el estadio Metropolitano, forman parte del cinismo y la hipocresía de una sociedad indolente ante la vida de seres humanos y animales.

miércoles, 16 de febrero de 2011

ME GUSTAN TODOS LOS LIBROS




Me gustan todos los libros, los chistosos y los de espantos, los de hadas y los de rimas, los de historietas y los de colorear, los gordos y los delgados, los de dinosaurios y los de piratas, los de canciones y los de monstruos, los libros de números y los de letras, los que hablan del espacio y los extraños y todos los libros, así como los dejó consignado Anthony Browne en el libro infantil “Me gustan todos los libros,” representado extraña o cómicamente en un chimpancé.

Sí, es cierto, me gustan todos los libros, unos para leerlos de cabo a rabo, otros para olerlos, otros para que me hagan compañía cuando salgo de compras, otros para asesinar la soledad de las horas tristes, otros para la rima y la poesía del vivir, otros para saber que el mundo nunca se va acabar, otros para aprender a reflexionar y filosofar, otros para las cábalas y los misterios del universo, otros para conocer las raíces y los significados de las palabras; en fin, me gustan todos los libros, sin excluir aquellos que ríen al vernos asustados por despreciar los libros recargados de obesidad.

Ellos, los libros nos comprenden, pero también se sienten solos, intocables, y es cuando uno como lector debe optar por la lectura no como un hábito, sino como un acto biológico más, (hablo de desarrollar un instinto) como el acto de comer, de ingerir el alimento diario para sentir la pulsación del hambre de leer no como un sentimiento de culpa, sino como fatiga. Entonces, el día que no leas, por alguna circunstancia, dependiendo del tiempo en horas, la fatiga será intensa, y tendrás enseguida que salir corriendo a leer algo profundo que mitigue el hambre. Porque la lectura es el alimento de la conciencia o del alma para alumbrar el camino del lector. Pero no será su salvación, porque no es suficiente. La guerra ya ha puesto a prueba demasiado al hombre erudito, aquellos que devoran libros por diletancia.

Me gustan todos los libros, sin excepción. Me gustan también los que hablan de fútbol, los comic, los de Mafalda, los de comida, los que hablan de otros libros, los libros infantiles, hechos para niños y adultos con almas de infantes frágiles. Leer es como intentar comprender a un hermano díscolo, hay que descifrarle sus claves, abrazarlo, quererlo, invitarlo a comer helado y sí es posible llevarlo con uno a todas partes para compenetrarse con sus manías y tic. Así lo vamos entendiendo más y su manera de decirnos las cosas se vuelve más clara para nosotros los lectores.

Los libros lo escriben hombres con una suma de mundos imaginados en sus cerebros, que es necesario que el lector-cómplice debe descifrar; en eso consiste la lectura, el juego de la lectura. Leer es descifrar, pero también disfrutar. Sin esta condición de goce, creo que es imposible culminar un libro. Porque el ejercicio de la lectura se convierte en una tarea, o en un trabajo, en una obligación, y en esta imposición se rompe el placer del desciframiento o el descubrimiento; es decir, el juego celebrado entre los dos cómplices del proceso lector.

martes, 8 de febrero de 2011

Relato




HISTORIA DE AMOR

Verlos entre la manía solar y ver como este ramito de locura les calcinaba los huesos, y luego verla especialmente a ella, mientras lo acariciaba, lo tocaba, lo besaba y lo apretujaba contra su cuerpo de fuego, le partía a uno el cuerpo. Y luego ver como el auto que transitaba a toda velocidad por la avenida de Las Camelias revolucionaba el alma de los vientos en calma que hacían que la falda de la joven enamorada amenazara con rebelarse de la piel que la sostenía y volara hasta la boca de asombro de los transeúntes, era otra experiencia menos fragmentaria. Inmediatamente pasó esta revolución del dios del viento, todo regresó al punto cero de la doméstica y juvenil existencia de los dos chavales enamorados; sin embargo, ella continuaba con el tierno disfrute del amor, y los cuerpos embelesados se desbocaban en ansias locas por el otro. El se observaba aparentemente indiferente, con las manos al costado de su cuerpo esquelético, esperando, adivinando que ella lo empujara, y ambos ambiciosamente corrían a guarecerse de los puñales solares en la primera sombra que encontraron. Y allí continuaron la fiebre de los cuerpos, y el alma de la bella mujer, con sus ojos color café, continúo buscándolo a tientas entre las caricias del instante; el joven dejaba que se desperezara su amor mamífero haciendo un movimiento para corresponderle, entonces levantaba los dos brazos que la cruzaban por su espalda, obligándola a mojar eróticamente sus labios en el mar de sus besos marinos. La atrae hacia su cuerpo virgen y ambos culminan pegando sus cuerpos entre sí al desamparo de una temperatura que cocina los senos y los genitales más inocentes. Ambos se sostienen en una posición levítica hasta que sus miradas, dilatadas por la pasión contenida, se derraman en sus labios y sus bellos rostros. El silencio, por varios segundos que parecen eternos, penetra la piel de los ojos juveniles que observan la escena de aquel milagro fortuito, porque el amor es eso, azar y frágil tiempo de espera.

El sujeto que viaja en el auto logró vislumbrar el instante del milagro, dejándolos atrás, y sintiendo que los abandonaba al malestar de la vía; poco a poco la silueta de los dos cuerpos se hacía indefinible en el infinito universo, mientras la realidad cruda y salvaje, regresaba otra vez a llenarle sus sentidos, o quizás a entorpecer la magia del milagro que dejó atrás, petrificado en la memoria salvadora de un mamífero imperfecto que también seguramente temblará del susto cuando el amor toque otra vez a la puerta de su corazón.

Son las doce del medio día y en la mitad de este universo de veinticuatro horas, un hombre y una mujer en cualquier parte del mundo cálido han decidido vaciar de líquidos sus cuerpos para que la rutina estalle otra vez. Y es aquí donde un hombre o una mujer deciden volver a empezar, a cocer la madeja que hará posible la resurrección y el conocimiento de la ruta de la locura, de la que se nutren los besos y los más caros sueños de los hombres.

Esta historia no es ambiciosa, el hombre que la dejó escrita, la garabateo para que otros hombres pudieran disfrutar los besos del mediodía, la respiración estrepitosa de la adolescencia, la locura de la represión sexual y la contingencia de los cuerpos en el peligro de morirse de amor ipso facto.

lunes, 31 de enero de 2011

cuento




YO

La vida es de una belleza extrema. La calle, el aroma de la lluvia, el paisaje, las mujeres, los hombres, los niños, todo duele hermosamente. Pero la vida también es de una tristeza abrumadora. Mi vida, la guerra, la pobreza o la miseria de las gentes, aquella niña a la que le volé la cabeza sin querer. Oh, Dios mío, como estas cosas se agolpan ahora en mi memoria como un hacha hendida, y sé que mi vida, por esta extraña e increíble posibilidad de leer y escribir, tendrá más iluminada la zona clara que la zona oscura de mi corazón. Poco a poco la luz de la luna, estoy nombrando la belleza que duele hermosamente, tomará posesión de mi alma y mi cuerpo y entonces yo, seré la flor que alguien cortará del jardín vecino para alegrar la vida de una mujer que necesita del aroma de las flores para soñar.